Desde la llegada de Cristóbal Colón la isla de Santo Domingo ha pasado por un proceso de desarrollo tridimensional, empezando por un proceso de colonización desintegrador, él qué culminó con una raza milenaria. Este proceso de aniquilación fue seguido por un proceso de acumulación tardía bajo esquemas militarizados y dictatoriales, así como la construcción de la República y su consecuente liberalización del caótico esquema colonial español. Con el aparecimiento del déspota y opresor Rafael Leónidas Trujillo, en el escenario público, se inicia el proceso de industrialización, acumulación y centralización del capital, el cuál se interrumpe con el ajusticiamiento del tirano dándole paso a un proceso de democratización.
Después de la primera guerra mundial –la gran depresión- República Dominicana presenta un cambio importante debido a las transformaciones demandadas ante la tendencia de monopolización de los mercados y las economías. Los principales cambios se producen en el esquema de industrialización, vasados en el modelo de sustitución de importaciones. Recuérdese que para esos tiempos el motor de la economía dominicana estaba determinado por el modelo agro-exportador, y la inclusión de las nuevas tecnologías industriales permitirían recudir la brecha comercial de bienes y servicios que existía para ese entonces.
El principal objetivo del modelo de sustitución de importaciones era proporcionar a la economía un esquema industrial para producir los bienes demandados internamente, y que a la vez fomente el nivel de producción exportable. El 80% del proceso de industrialización estaba destinado a la producción de azúcar; mientras que el 20% restante se destinaba a producir bienes de consumo interno . Entre las industrias que desarrolló destacan las del tabaco, cemento, vidrio, botellas, papel, cartón, aceite comestible, chocolate, pinturas, tejidos, vidrios, baterías, calzados, café y metalúrgica, entre otras, importantes para el desarrollo de la nación.
Todo lo anterior permite a Trujillo monopolizar el aparato productivo nacional, además de pagar la deuda externa dominicana. Esto último hizo posible que retornara “al Gobierno” el control de las aduanas, que estaban en manos de Estados Unidos de Norteamérica desde 1907, bajo la Convención Domínico-Americana. La recuperación de las aduanas facilitó la implementación de políticas proteccionistas que afianzaron el incipiente proceso de industrialización y monopolización de Trujillo. Por otro lado, las reformas económicas y sociales se orientaron a hacer más eficiente la administración del Estado.
El gobernante facilitó además las transacciones financieras. Para ello creó el banco Agrícola y el Banco Central, así como el de Reservas. También creó una infraestructura provisora de los servicios sociales. Estas innovaciones trascendieron enormemente en cambios considerables en los ámbitos político, social, económico y demográfico del país.
Con la caída del gobierno de Trujillo, quien gobernó desde 1930-1961, se produce el verdadero proceso de capitalización bajo un esquema de industrialización de libre mercado. No obstante, al ajusticiamiento de Trujillo, sobrevino una turbulencia política dándole paso al proceso de democratización, además de una especie de voracidad económica que se prolongó hasta mediados de la década de los 70s.
Para 1963 República Dominicana gozaba de un gobierno democrático. El profesor Juan Bosch quiso darle un carácter social y de desarrollo sostenible a su gestión, sin embargo, grupos adversos entre ellos trujillistas y conservadores apoyados por el gobierno de Estados Unidos le proporcionan un golpe de estado el 25 de septiembre de 1963 luego de someter al Congreso Nacional un proyecto constitucional, que según investigadores, intelectuales e historiadores representaba el interés del pueblo y consecuentemente repercutiría directamente sobre el proceso de desarrollo nacional.
Después del golpe de estado de 1963 llega al poder –arbitrariamente- el Dr. Joaquín A. Balaguer Ricardo -trujillista de vocación y anti bochista por convicción- fomento el más desleal proceso de industrialización basado en el apadrinamiento estatal de concesiones, la subvención de impuestos que permitirían al empresariado su expansión, acumulación y concentración del capital. Para esto fueron creadas las siguientes leyes:
- Ley Nº 299 sobre Incentivo y Protección Industrial para las Zonas Francas.
- Ley Nº 409 sobre Fomento Incentivo y Protección Agroindustrial.
- Ley de Promoción Agrícola y Ganadera.
- Ley de Reforma Agraria.
- Ley Nº 69 de Incentivo a las Exportaciones.
Estas leyes debían asegurar un nuevo modelo de acumulación, en el que las multinacionales estadounidenses e internacionales obtendrían las facilidades del mercado local para asegurar sus capitales sin riegos financieros, y mucho menos con imposiciones fiscales que limitasen el buen desempeño del capital privado.
Este nuevo esquema económico-político estuvo matizado por la instauración de una mediación burocrática, producto del equilibrio en la composición del Estado y la sociedad. Igualmente, se observó la reorganización del Estado mediante la aplicación de políticas económicas tendentes a fomentar la inversión y el desarrollo industrial; así como la ampliación de los estadios de la economía-Estado, haciendo mayor énfasis en la expansión del capital nacional y extranjero. Como puede observarse el Gobierno no pronunció una sola ley en contra de la burguesía, y por el contrario ésta fue favorecida ampliamente.
Estas estrategias de fomento industrial devinieron como el motor del proceso de expansión industrial, de acumulación del capital para esa época. La protección hacía la industria y la inversión efectivamente favorecieron, en ese momento, a la industria; pero la llegada del nuevo siglo, sin embargo, se vislumbró su desgaste. Ese modelo de industrialización no fue sostenible debido a que se trastornó su crecimiento y desarrollo, tras quedar en el atraso y no fomentar y procurar nuevas fórmulas de desarrollo y tecnológico. Ese esquema de producción se presenta como un modelo incipiente de desarrollo industrial.
Hoy la mundialización de las economías ha provocado cambios drásticos en los sistemas y estructuras productivas. En ese sentido, el esquema nacional requiere de un nuevo enfoque, una nueva estrategia de desarrollo y tecnológica. Actualmente los capitales transnacionales y nacionales apuntan a mayores beneficios y mejores fuentes de producción.
El crecimiento y densidad poblacional demandan mayores bienes y servicios, y por ende, se requiere de mayores industrias, fuentes productivas y mayores recursos –humanos, naturales y de capital- así como de la eficientización de la tecnología y la capacidad instalada de las industrias y empresas. Ello podría redundar en la reducción de los costos de producción, sin afectar los ingresos de la clase trabajadora.
En la economía dominicana existe gran preocupación, debido a que el constante crecimiento no sería sustentable si no se logra una mejor distribución de las riquezas. Un hecho importante, en ese tenor sería convertir el crecimiento en desarrollo, y para ello se requiere el aprovisionamiento de políticas adecuadas y bien enfocadas de desarrollo. Estrategias que permitan fomentar el desarrollo económico a partir de un crecimiento sustentable enfocado en la vida.
La Propuesta Estratégica Nacional de Desarrollo 2010-2030, presentada recientemente por el secretario de Economía, Planificación y Desarrollo, Temístocles Montas, es una propuesta visionaría de las tantas que se podrían presentar en el devenir los años. Su ejecución y acogida –tanto de entidades públicas y privadas- podría sentar la diferencia.
Debemos procurar reducir la pobreza, expandir las fuentes de producción y la generación de riquezas humanas, así como de capital. Es tiempo de crear desarrollo creando este tipo de riquezas. Por ello, es de vital importancia incrementar la inversión en la gente, en el capital humano, para lograr una mejor fuente de vida.
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